TDAH

-¿Qué es el TDAH?-

El trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) se caracteriza por presentar un patrón de inatención y/o hiperactividad - impulsividad que interfiere en el funcionamiento o el desarrollo. La inatención se describe desde un punto de vista conductual como desviaciones en las tareas, falta de persistencia, dificultad para mantener la atención y desorganización que no es debida a un desafío o falta de comprensión. Por otro lado, la impulsividad se refiere a acciones apresuradas que se producen en el momento, sin reflexión, y que crean un gran riesgo de dañar al individuo, es decir, el individuo presenta una incapacidad en el retraso de la gratificación, presentando una tendencia a inmiscuirse socialmente y/o a tomar decisiones importantes sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo. Finalmente, la hiperactividad hace referencia a una actividad motora excesiva cuando no es apropiada, o a jugueteos, golpes o locuacidad excesivos, sin embargo, en los adultos puede manifestarse como una inquietud extrema y un nivel de actividad que cansa a las otras personas (APA, 2015).

Para diagnosticar a cualquier persona con TDAH hay que tener en cuenta una serie de criterios diagnósticos, los cuales se exponen a continuación (APA, 2015):

El primer criterio diagnóstico se caracteriza por un patrón de persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad. En relación con la inatención, la persona debe mantener seis (o más) de los siguientes síntomas durante, al menos, 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecte a las actividades sociales, así como a las académicas y laborales (APA, 2015):
  • Debido a falta de atención a detalles o por descuido se cometen errores en cualquier tipo de actividad ya sea académica, laboral o física.
  • Posee dificultad para mantener la atención en tareas recreativas, ya sean estas, mantener la atención en clase, conversaciones o la lectura prolongada.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • Ni sigue las instrucciones, ni termina las tareas escolares o laborales.
  • Tiene dificultad para organizar tareas y actividades.
  • Evita cualquier tipo de tarea que implique un esfuerzo mental sostenido.
  • Pierde cosas que son necesarias para la realización de tareas o actividades.
  • Se distrae con facilidad ante estímulos externos.
  • Se olvida de hacer las actividades cotidianas.

Todos estos síntomas se podrían explicar acudiendo a déficits característicos del TDAH. De este modo, el déficit en atención sostenida propio de las personas con este trastorno (Barkley, 1997) sería el responsable de síntomas como la dificultad para mantener la atención en tareas recreativas, no terminar las tareas escolares, evitar cualquier tipo de tarea que implique un esfuerzo mental sostenido y de que el niño parezca no escuchar cuando se le habla directamente (APA, 2015). De entre estos síntomas también podríamos destacar la función de las habilidades de autorregulación, encargadas del mantenimiento del esfuerzo y que en el TDAH están alteradas (Miranda, 2005).

Por otro lado, estos déficits de atención sostenida causan, junto con los déficits en la memoria de trabajo, una pérdida de información sobre los contenidos importantes que hay que procesar (Barkley, 1997). Esto podría ser la causa de que el niño pierda cosas que son necesarias para la realización de tareas o actividades o que se olvide de hacer actividades cotidianas (APA, 2015). No se debe olvidar, los problemas inhibitorios asociados a este trastorno, los cuales dan lugar a un fracaso a la hora de eliminar la información irrelevante (Barkley, 1997) y por ende responsables de síntomas como el distraerse fácilmente ante estímulos externos (APA, 2015).

Un dato interesante relacionado con el lenguaje es que la falta de atención sostenida es la responsable de las dificultades de los estudiantes con TDAH en procesos de compresión (Brock, 1996).Siguiendo en esta línea, los déficits en las habilidades de planificación y regulación provocan dificultad en la compresión en tareas de ordenación de fragmentos (Miranda, 2005). Esto nos ayuda a comprender un poco mejor las consecuencias de estos déficits, y los problemas que provocan en la vida diaria de quienes los que los padecen.

Por otro lado, en relación con la hiperactividad o impulsividad, la persona debe mantener seis (o más) de los siguientes síntomas durante, al menos, 6 meses en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo y que afecte a las actividades sociales, así como a las académicas y laborales (APA, 2015):
  • Se retuerce en el asiento o, juega o se golpea las manos y los pies.
  • Se levanta en situaciones en las que debería mantenerse sentado, como en clase o en el trabajo.
  • Trepa o corretea en situaciones donde es inapropiado, en adolescentes, bastaría con que la persona este inquieta.
  • Es incapaz de jugar tranquilamente en actividades recreativas.
  • Actúa como si “lo impulsara un motor”, es decir, la persona es incapaz de sentirse cómodo estando quieto un tiempo prolongado.
  • Habla excesivamente.
  • Responde inesperadamente o antes de que la persona haya acabado la pregunta.
  • Posee dificultad para esperar su turno, como, ocurriría en una cola.
  • Interrumpe a los demás en sus conversaciones, juegos o actividades, pudiendo utilizar cosas de otros sin esperar su permiso. 

Todos los síntomas en relación con la hiperactividad o la impulsividad están muy interrelacionados, y se podrían explicar utilizando el modelo de Barkley. En este modelo, todos estos síntomas se producirían por fallos en la autorregulación o autocontrol, es decir, por un falta de desinhibición conductual. Así, nos encontraríamos ante niños con dificultades para desarrollar conductas orientadas hacia a metas y con una escasa capacidad de persistencia (Servera, 2005).

El segundo criterio diagnóstico se basa en que algunos de los síntomas de inatención o hiperactividad-impulsividad estuvieran presentes en la persona antes de los 12 años (APA, 2015).

El tercero tiene que ver con el hecho de que varios síntomas de inatención o hiperactividad-impulsividad estén presentes en dos o más contextos diferentes (APA, 2015).

El cuarto diagnóstico y, último, se refiere a la necesidad de que no haya otro trastorno mental que explique mejor los síntomas, así como que estos síntomas no se produzcan exclusivamente durante el curso de esquizofrenia o de otro trastorno psicótico (APA, 2015) (Fayyad J, 2007).

Se han establecido diferentes patrones del TDAH en función de los criterios diagnósticos que se presenten, pudiendo tratarse de una presentación combinada si se cumple el criterio de inatención y el criterio de hiperactividad-impulsividad,  una presentación predominante con falta de atención si se cumple el criterio de inatención, pero no el criterio de hiperactividad-impulsividad; o una presentación predominante hiperactiva/impulsiva si se cumple el criterio de hiperactividad-impulsividad pero no se cumple el criterio de inatención (APA, 2015).

Con respecto a el TDAH hay que tener en cuenta que es un trastorno bastante estable a lo largo de las culturas, presentando una prevalencia global del 5% en niños y del 2,5% en adultos (APA, 2015). Estudios epidemiológicos realizados con personas adultas en Estados Unidos muestran una prevalencia del 4,4%. Mientras que otros estudios realizados en 10 países de América, Europa y Oriente Medio obtienen una prevalencia del 3,4%. Encontrándose la menor prevalencia en la muestra española, con un 1,2%. (Fayyad J, 2007).

La prevalencia para los niños en edad escolar oscila entre el 3% y el 7% (APA, 1995), sin embargo, el rango de la prevalencia oscila entre el 1,9% y el 17,8%, considerándose que la mejor estimación estaría entre el 5 y el 10% (Scahill, 2000). A modo de resumen, estudios elaborados en el 2007 proponen una prevalencia mundial del 5,29% (Polanczyk, 2007).


Cabe resaltar que aunque se conozca que este trastorno comienza en la infancia, no puede determinarse una edad precisa de inicio; sólo puede estimarse que comienza antes de los 16 años (Barkley, 2009). Además, aunque durante muchos años se pensó que los síntomas del TDAH desaparecían al pasar a la edad adulta, la realidad es otra, pues el trastorno puede persistir en más del 50% de los casos (Aragonès, Caballero, & Piñol, 2010).

Referencias bibliográficas
APA. (2015). DSM-5. Manual de Diagnóstico Diferencial. Barcelona: Panamericana.
Barkley, R. (1997). ADHD and the Nature of Self-Control. New York: The Guilford Press.
Brock, S. (1996). Reading comprehension abilities of children with attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Attention Disorder , 3, 173-185.
Fayyad J, D. G.-m. (2007). Cross-national prevalence and correlates of adult attention-deficit hyperactivity disorder. Br J Psychiatry , 190-420.
Miranda, A. G. (2005). Habilidad narrativa de los niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Psicothema , 17, 227-232.
Scahill, L. (2000). Epidemiology of ADHD in school-age children. Child and Adolescent Psychiatric clinics of North America , 541-555.
Servera, M. (2005). Modelo de autorregulación de Barkley aplicado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad: una revisión. Revista de neurología , 40 (6), 358-368.

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