Críticas clásicas al geneticismo

Críticas clásicas al geneticismo

En esta entrada se va a tratar de ejemplificar las razones que existieron para desconfiar del geneticismo, incluso, antes de la epigenética. En un primer momento, se van a describir las trampas realizadas por las psicométricas para defender la teoría hereditaria del CI con el fin de demostrar un origen genetista de la inteligencia. Sin embargo, este apartado, no va a ser una mera descripción de esas trampas, sino que vamos a ir más allá para demostrar la imposibilidad de defender una visión neodarwinista.

Para comenzar con la primera parte de este apartado se debe recordar que el motor de las transformaciones en ciencia, son los intereses. Sin embargo, algunas veces, son intereses ilegítimos basados en la imposición de prejuicios y en el falseamiento de los datos. De esta forma, a lo largo del aguje del geneticismo muchos autores han intentado demostrarlo, a través de métodos inmorales.

Asimismo, en esta parte vamos a ver la historia de como la psicología ha intentado defender la idea de existencia de un gen mendeliano como responsable de la inteligencia de las personas. Lo que desembocaría en la prohibición de la reproducción de esos deficientes mentales de dentro, e impedir la entrada a los de fuera (Gould, 1981, pp.173).  

Toda esta historia empieza con un francés llamado Binet cuyo objetivo fue el de abordar el estudio de la inteligencia. En un principio, lo haría basándose en el método predilecto de la época, la medición del volumen de la cabeza —craneometría–. No obstante, rápidamente lo abandonaría al darse cuenta de su ineficacia. Incluso, atribuyó esta gloria pasajera de la craneometría a la sorprendente maleabilidad de los datos “objetivos” para ajustarse a una idea preconcebida (Gould, 1981).
Binet volvería al estudio de la inteligencia creando la escala de Binet, la cual se basaba en métodos psicológicos, a diferencia de Galton. Posteriormente, nacería el cociente intelectual de la mano de Stern (Gould, 1981).

Algo a tener en cuenta, es la idea de que Binet siempre intento defender una serie de argumentos que serían  ignorados(Gould, 1981):

1.         El CI no mide la inteligencia innata.
2.         El CI no es más que una guía aproximada y empírica, con una finalidad práctica. No es el recurso para establecer una jerarquía
3.          Cualquiera que sea la causa de la dificultad de lo niños  debe recaer en la posibilidad de mejorar sus resultados.

Todos estos argumentos serían falseados, posteriormente, por los psicólogos norteamericanos creando la teoría hereditarita del CI (Gould, 1981).

El primero de los autores importantes de estas teoría hereditarista del CI ha sido Goddard. El cual a pesar de los argumentos de Binet. Defendía la idea de que estos tests proporcionaban la medida de una entidad independiente e innata, llamada inteligencia; y pretendía reconocer a los individuos que obtenían la puntuación más baja en estos tests para evitar su reproducción. Otra aportación de este autor fue decir que la inteligencia controla las emociones, lo que convierte a la inteligencia en la causante de la mayoría de los actos inmorales (Gould, 1981).

Sin embargo, y a pesar, de todo lo dicho anteriormente Goddard se empezó a convertir en defensor de la persona a la que había comenzado tergiversando, a Binet. Reconociendo que había situado demasiado alto el límite superior de la deficiencia mental y que, no había ninguna prueba que demostrara que los hijos de los deficientes mentales fueran “automáticamente” imbéciles o idiotas (Gould, 1981).

El siguiente personaje que adquiere mucha importancia en esta historia es Terman, creador de la escala Stanford- Binet y defensor de la teoría hereditarista del CI (Gould, 1981).
Terman cometió varios errores, como también lo hizo Goddard. Uno de ellos fue basarse en la existencia de una anomalía biológica innata para explicar el bajo CI de muchos niños. Y dijo cosas tan escabrosas como:  La única forma de tratar al débil mental incurable consiste en tenerlo permanentemente vigilado (Gould, 1981, pp.189).

Algo a destacar de Terman  es la publicación compuesta cinco volúmenes, junto a sus colaboradores, llamada Genetic Studies of Genious. En la que intentó medir el CI de todos aquellos genios que habían aparecido a lo largo de la historia, de modo que, si estas personas están en lo alto de la escala, se demostraría que el CI sería la medida de la capacidad mental básica que presenta cada persona.  Para construir estos volúmenes se basaron en el criterio de cinco expertos —entre los que destaca Cox— y a pesar de la existencia de datos divergentes, la mayoría de ellos fueron eliminados. Entonces, ¿dónde está la objetividad? (Gould, 1981).

Por otro lado, más que una medición de la capacidad innata, lo que se estaba midiendo era la cantidad de información que se tenía de la persona, pero se argumentaba diciendo: La inexistencia de documentación acerca de una infancia eventualmente precoz indica que ante una vida vulgar, sobre la que no vale la pena escribir (Gould, 1981, pp.192). Aún así, todavía existen más evidencias que nos hacen sospechar de las estimaciones realizadas. Algunos ejemplos de ello son: la variación del CI de las propios personajes a lo largo de la vida (cuando se supone que no varía) o los CI excesivamente bajos de personajes colosales (de los que misteriosamente se tiene muy poca información). A pesar de sus incesantes esfuerzos, se puede concluir que no consiguieron la medición de una capacidad innata (Gould, 1981).

Dejando de lado esta publicación, se van a comentar más argumentos aportados por Terman para defender esta teoría hereditarista, a pesar de haber encontrado una correlación de 0,4 entre el CI y la posición social. En un primer lugar, hace una serie de correlaciones (como, por ejemplo, entre la posición social y el rendimiento académico) que no aportan información sobre la existencia de causas innatas. Seguidamente , propone un argumento en el que ejemplifica el caso de unos padres muy brillantes cuyo hijo puede tener debilidad mental, seguramente y como el afirma,  confundiendo la patología con la población normal. Finalmente, utilizaría un argumento que muestra su clara incapacidad para aceptar la influencia del ambiente. Este midió el CI de veinte niños internos, de los cuales solo 3 eran completamente normales. Sin embargo, en vez de afirmar que el ambiente era el causante de esos resultados, lo negó afirmando que los bajos resultados debían ser reflejo de la constitución biológica pues el orfanato en el que estaban internos ofrecía unas condiciones ambientales suficientes para el correcto desarrollo del bebe (Gould, 1981).

El siguiente personaje al que le debemos de dar un hueco es el sir Cyril Burt. Esta celebre persona publicó una serie de artículos en los que mostraba una correlación muy elevada del CI de gemelos univitelinos criados en ambientes distintos. Sin embargo, pronto se descubriría la falsedad de estas artículos, así como, los de otros publicados que mostraban las correlaciones de CI entre parientes próximos y la declinación de la inteligencia cultural de Gran Bretaña. Lo datos eran tan perfectos como imposibles (Gould, 1981).
A pesar de haber sido advertido por autores como Leon Kamin o Oliver Guillie hubo otros autores como H. J. Eysenck que no aceptaba esas acusaciones a los trabajos de Burt. No obstante, sería Hearnshaw quien afirma que todas las acusaciones hacia Burt son ciertas (Gould, 1981).

En esta segunda parte del apartado, nos vamos a centrar en el estudio de gemelos y como dichos estudios nos demuestran la necesidad de abandonar la perspectiva genetista.

Tim Spector había sido uno de los numerosos científicos que había llevado a cabo cientos de estudios de gemelos con la intención de demostrar que todo rasgo tenía una influencia genética determinante. Sin embargo, poco a poco, se fue dando cuenta de que había cosas que no encajaban, de que los genes no podían ser inmutables (Spector, 2013).
Uno de los casos que más influjo produjo en él para cambiar de opinión fue el de dos gemelas idénticas, Ladan y Laleh, las cuales tenían exactamente la misma estructura de ADN. No obstante, ambas tenían aficiones distintas, mientras a Laleh le gustaba los juegos de ordenador. Ladan no los soportaba. Incluso, Ladan era zurda y Laleh diestra. (Spector, 2013)

Entonces, Spector se hizo una pregunta ¿Cómo podían explicarse las diferencias de personalidad de estas dos niñas, si eran clones idénticos? Algo estaba pasando y el gen no era la clave (Spector, 2013).

Por otro lado,  ¿Cómo se explica que no haya diferencias significativas entre las correlaciones del CI de madres con sus hijos biológicos y las correlaciones del CI de esas mismas madres con sus hijos adoptivos? Tal y como se muestra en el estudio de Texas de Horn y el estudio de Minnesota de Scarr. Asimismo, en este tipo de estudio había tres tipos de relaciones entre hermanos, por un lado, hermanos relacionados biológicamente (hijos biológicos del padre adoptivo), por otro, pares sin relación biológica de hermanos adoptivos (ambos niños adoptados por la misma familia) y, por último, pares sin relación biológica (un hijo adoptado y un hijo adoptivo de los mimos padres. De modo que al hacer, las correlaciones de CI para los tres tipos de pares ninguna de las correlaciones difiere significativamente de las demás, lo que vuelve a constituir un problema para el intento de demostrar que el CI es altamente heredable (Eysenck & Kamin, 1983).

Para continuar, se va a hablar de los estudios de gemelos monocigóticos (cuyos genes y apariencia son literalmente idénticos) y los dizigóticos (cuyos parecido genético y físico no va más allá de dos meros hermanos ordinarios). La mayoría de estos estudios demuestran que la correlación entre el CI de los monocigóticos es notablemente más amplia que los dizigóticos. Pudiendo atribuirse esta diferencia a la mayor singularidad genética de los monocigóticos. No obstante, hay razones ambientales evidentes para esperar correlaciones más altas en los monocigóticos puesto que estos suelen estar expuesto a ambientes mucho más parecidos. Siendo la causa de ello, su gran parecido físico lo que hace que sus profesores, sus compañeros e, incluso, sus padres los traten de forma diferente.

Otros experimentos como los de Shields muestran algo parecido. La correlación en la inteligencia para 27 pares de gemelos criados en familias relacionadas (educados en ramas relacionadas de la misma familia biológica) era de 0,83, siendo esta, significativamente mayor que la correlación observada en 13 pares de gemelos criados en familias no relacionadas. Mostrando como aquellos gemelos que tienen experiencias de ambientes similares los que se parecen más en CI.


Todos estos ejemplos de gemelos nos muestra como la herencia no lo único importante en la inteligencia.

García, A. (2015). Epigenética, evolución y psicología en la obra de Mary Jane West-Eberhard. (Tesis doctoral). Universidad de Oviedo, España.
González-Pardo, H., & Álvarez, M. P. (2013). Epigenetics and its implications for Psychology. 
Robert, J. S. (2004). Embryology, Epigenesis & Evolution: Taking Development Seriously. New York: Cambridge University Press.
Santamarta, C. (2016). El desarrollo y la evolución en la obra de Robert Lickliter. (Tesis doctoral). Universidad de Oviedo, España.

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