Las raíces del individualismo americano
Las raíces del individualismo americano
Desde siempre, he prestado una gran atención a la idea del sueño americano o American Dream y a las expectativas que ofrecía, haciéndome pensar: Tengo que ir a vivir a EEUU. De hecho, su presencia en películas, series y programas de televisión americanos ha sido innegable en los últimos años. Pero, a pesar de lo que se pueda pensar no ha sido en los últimos años cuando ha aparecido sino que es el reflejo de una gran tradición estadounidense. Cuyo inicio se podía situar en el s. XVI, como producto del conflicto entre el misoneísmo contrarreformista español y la modernidad reformista anglicano-puritana-británica (Badía, 1997).
No obstante, esta entrada no versa sobre el sueño americano sino que más bien lo hace sobre la historia de cómo aparece este individualismo estadounidense tan asociado con el sueño americano, en el cual haremos un símil con el objetivismo expuesto por Any Rand, y lo comparemos con el individualismo que se está dando en Suecia –en una posterior entrada–. Concretamente, este ensayo se centrará en el individualismo de los EEUU y su contextualización. Empecemos.
![]() |
| Any Rand |
El individualismo desarrollado en la cultura estadounidense arranca en el s. XVIII con el Transcendentalismo de Ralph Waldo Emerson como una respuesta al puritanismo. El transcendentalismo fue tan importante en la configuración del pensamiento norteamericano que algunos historiadores lo caracterizan como una nueva “religión americana” (Cabanas & Sánchez, 2012).
El puritanismo protestante defendía la idea del alma como un pozo de miseria, en donde la salvación no viene dada por el amor hacia los otros, sino que esta predeterminada. La persona, por tanto, vive en una angustia permanente y tendrá una tendencia continua a trabajar con el objetivo de encontrar un resquicio de salvación. En contraposición, Emerson reformuló este dogma puritano y comenzó la era de la primera persona singular. Ahora, Emerson vería al individuo como un hijo de dios, no como algo ajeno a él. En donde, las virtudes de cada hombre se conseguirían mediante el cultivo de uno mismo, lo cual, exigía un gran autocontrol y autovigilancia típicas del puritanismo (Cabanas & Sánchez, 2012). Emerson no estaría solo en este viaje sino que lo haría junto con Walt Whitman, el cual sería quien mejor expresaría esta nueva visión en su libro hojas de hierba, con líneas como (Whitman,2012, pp.xx):
Creo en tí, alma mía. El otro que soy no debe rebajarse ante ti.
¡Walt Whitman, yo soy un cosmos, un hijo del pujante Manhattant!
Cada uno de nosotros, ilimitado; cada uno de nosotros con sus derechos de hombre o de mujer sobre la tierra.
Gracias al romanticismo norteamericano y del transcendentalismo de Emerson aparecieron varios movimientos muchos de los cuales se conglomeraron bajo el nombre de Nuevo Pensamiento. Al igual que Emerson este movimiento defendía que todo individuo estaba dotado de poderes divinos y creativos, pudiendo transformase tanto a sí mismo, como el mundo al que le rodea. Y sostenía la curación de sus males a través de ignorar la información falsa que provenía de sus sentidos. Este Nuevo Pensamiento se afianzo fácilmente gracias a la eficacia que obtuvo como terapia alternativa frente a la neurastenia. Además, desarrollo uno de los ideales centrales de la cultura estadounidense como fue la felicidad. Lo que haría que algunos autores como Phineas Parkust Quimby llegaran a declarar: la felicidad del hombre esta en sí mismo (Cabanas & Sánchez, 2012).
Este Nuevo Pensamiento contribuyó a la creciente emocionalización, así como, a la transición de un capitalismo industrial a un capitalismo de consumo en la primera década del s.XX. Este capitalismo requería de una clase media que diera rienda suelta a la satisfacción de sus deseos. Lo que se conseguiría gracias a las teorías psicoanalíticas las cuales conseguirían justificar que la única manera de vivir de forma saludable era mediante la realización de sus deseos (Cabanas & Sánchez, 2012).
Algunos autores del Nuevo Pensamiento llegarían al extremo, afirmando que todo mundo podría ser rico a través del control esos pensamientos. Para él los ricos eran ricos porque sus ideas de abundancia están tan arraigadas en sus pensamientos que son ya parte de los mismos (Cabanas & Sánchez, 2012, pp. 178). Posteriormente, aparecería el empresario que acuñó la expresión pensamiento positivo y escribió el libro el poder del pensamiento positivo, Norman Vincent Peale. Cuyo libro versa sobre la eliminación de los pensamientos negativos y la repetición de los positivos con el fin de transformar la visión de la persona sobre sí misma (Cabanas & Sánchez, 2012).
A estas alturas toda persona seguidora de estas obras se daría cuenta de que él es el único capaz de cuidar de él. Lo que provocaría que muchas personas pregonaran que la pobreza y la riqueza eran condiciones voluntarias. Estas ideas calarían sobre todo en el ámbito empresarial, ahora es el individuo el que se debe identificar con los objetivos de la empresa, el que debe mantener unas competitividad con sus compañeros, el que debe evitar los pensamientos negativos y, en el extremo, el que debe ver el despido como una nueva oportunidad de desarrollo personal (Cabanas & Sánchez, 2012).
Todo ello culmina con la Psicología Positiva de la mano de Seligman, en donde la individualidad no recurre a una justificación religiosa sino a una justificación científica de la naturaleza humana en términos evolucionistas. Aquí, se nos hace necesario destacar que, hoy en día, apelar a la evolución no significa una explicación genetista del comportamiento. Sino que, en la actualidad, existen alternativas como la selección orgánica que no sostendría la pretensión de Seligman de explicar por medio de la evolución esa naturaleza humana. Concretamente, defienden que los pensamientos negativos han de ser cambiados por afirmaciones más positivas, pues el pesimismo es desadaptativo para la mayoría de los esfuerzos (Cabanas & Sánchez, 2012).
![]() |
| Seligman |
La rápida expansión de la Psicología Positiva hace que el individualismo “positivo” también aumente rápidamente. El individuo positivo se caracteriza por una excesiva autosuficiencia que deja afuera el plano social al lidiar con los conflictos cotidianos, donde la individualidad no es vista como una entidad previa la construcción social, sino como un sistema de acción y significado en todo momento histórico y social. No obstante, el individuo es capaz de participar en la transformación social si se le da la oportunidad. Siendo, este nuevo individualismo muy criticado por Dewey y otros progresistas por la excesiva autosuficiencia del individuo positivo (Cabanas & Sánchez, 2012).
Referencias bibliográficas
Badía, E. (1997). El "sueño americano". Revista entorno (2), 32-36.
Cabanas, E. &. (2012). Las raices de la psicología positiva. Papeles del psicologo , 33 (3), 177-182.
Whitman, W. (2012). Hojas de hierba. Madrid: Alianza Editorial.
Cabanas, E. &. (2012). Las raices de la psicología positiva. Papeles del psicologo , 33 (3), 177-182.
Whitman, W. (2012). Hojas de hierba. Madrid: Alianza Editorial.


Enhorabuena por este trabajo, leer tus entradas siempre ayuda para ser un poco más culto cada día.
ResponderEliminar